DESNUDANDO A VILLENA

Luis Antonio de Villena, premio “Vinos Nobles 2020”

por ROSA PEÑASCO

Como dijo la gran Chus Lampreave en “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, es inevitable comenzar estas líneas diciendo la verdad y nada más que la verdad… Porque cuando a finales de julio de este extraño 2020 me propusieron presentar en septiembre al escritor Luis Antonio de Villena, en las que por coronavirus no iban a ser las habituales y multitudinarias Fiestas del Vino de Valdepeñas, rotundamente dije no. Entre otras cosas porque me conozco y sé que cuando me embarco en algo, me emociono hasta el punto de perder la noción de todo, apasionándome con el incentivo de descubrir nuevos mundos y submundos…

Además, esta vez no se trataba de la nueva poesía mística In Teresa, sobre Teresa de Jesús, ni de La copla sabe de leyes, ni de novelas, ensayos, artículos, cuentos o del universo conocido de cualquiera de mis libros

Tampoco se trataba de alguna conferencia o curso relacionado con la Universidad: ¡eran palabras mayores!

Lo siento, pero pese a semejante honor de vino y letras (y pese a que adoro mi tierra hasta el punto de que para mí -y no me canso de decirlo- La Mancha es un lugar en donde lo normal es lo no normal que termina transformándose en una especie de Macondo por su surrealismo, delirio, almodovarianismo y magia), cuando Matías Barchino, catedrático de Literatura en la UCLM me insistió, volví a decir que no estaría en las preciosas bodegas A7, el día en que a Villena se le otorgara el premio “Vinos Nobles” que solo se concede a Premios Nacionales como él.

Y es entendible: no solo acababa de terminar mi trabajo en la Universidad con un curso académico marcado por un teletrabajo atroz que casi termina conmigo, sino que también había escrito varios artículos, dirigido un curso de verano online sobre “El alzhéimer desde el amor”, volcando la ansiedad de la cuarentena haciendo «Coronarte», el tapiz de dos metros sobre el impacto del coronavirus en marzo, ayudado a mi pareja, el escultor Juan Up, a fabricar pantallas protectoras caseras en abril y terminado en mayo el ensayo de 250 páginas sobre el cambio de paradigma que estamos viviendo, titulado “Covid-19: ¿Un antes y un después en la Historia de la Humanidad?”

Y así, entre el confinamiento obligatorio y el que por trabajo y literatura me había impuesto, mi situación personal era pésima: apenas había pisado la calle en cinco meses, mi salud se resintió como nunca, el estrés fue trending topic y solo quería una cosa: ser libre, recuperarme yendo al mar y montando en bici en busca de calas imposibles, a ser posible ajenas a guiris y bronceadores y, sobre todas las cosas, no atarme con fechas de regreso y ni mucho menos colapsarme con responsabilidades y compromisos nuevos.  

¡Maldita curiosidad!

El problema es que igual que Ortega era él y sus circunstancias, creo que yo soy yo y mi curiosidad. Y digo esto porque esa insensata, sinvergüenza incluso, okupa y trasgresora no me deja vivir, ya que de motu propio decide invadirme sin permiso, deshaciendo mis contornos y modus vivendi cuando le viene en gana, llevándome a lugares y rincones a contracorriente, sin importarle lo más mínimo mi opinión, mi salud y mis planes. Y así y mientras decía una y mil veces no, por culpa de esa invasora compulsiva y bulímica que me mata y da vida al mismo tiempo, cuando me quise dar cuenta ya me había zambullido, de pleno, en Villena: ¡y él sin enterarse!

Luis Antonio de Villena y Rosa Peñasco

No sé si será porque nada es verdad, nada es mentira y todo depende del color del cristal con que se mira, pero al principio me resultó muy significativo toparme con las malas y las buenas lenguas en torno a su persona y obra: unos decían que nos encontramos ante una persona tan auténtica que se ha fundido para siempre con su personaje, en tanto que otros afirmaban que era un ser vulnerable que para protegerse había creado un personaje tan potente que había devorado para siempre a la persona. Del mismo modo, también me encontré con quienes ensalzaban toda suerte de virtudes del escritor y con quienes hablaban de su declive, sin dejar de criticar cierto egocentrismo, malas formas y lengua viperina.

He de decir que este último aspecto no era un problema para mí, ya que aunque personalmente adore el romanticismo del latín siempre preferiré la electricidad de una vibrante lengua viperina antes que una lengua muerta, quizás porque como he afirmado hasta la extenuación me llamo Rosa y ya no dejo que me declinen más.

Y respecto a la disparidad de opiniones y a cierto tipo de críticas no siempre bienintencionadas, también debo afirmar que, en vez de desinflarme ante lo que para muchos sería un enredo y una dualidad insoportable, debido a mi curiosidad voraz se activó la dopamina en mi cerebro ante el reto de desgranar a Villena: ¡y creo que con mucho más ahínco, precisamente por la dicotomía que despertaba!

Para empezar, tampoco me resultó muy extraña aquella disparidad de opiniones porque, sin necesidad de ser Sherlock Holmes, no era muy difícil observar -y con un simple vistazo- que el mismo antagonismo que tanto criticaban algunos se apreciaba con facilidad en su persona y obra, ya que una gran parte de su trabajo también destilaba desgarro, sensibilidad y fragilidad como, por ejemplo, los sonetos de su poemario “Desequilibrios”, igual que era sencillo apreciar hedonismo y vitalidad en la poesía expansiva de “La prosa del mundo”…

En cualquier caso, no solo no me asusté con este baile de extremos, sino que fue un gran incentivo para mí porque, en vez de una tara, siempre he creído que es parte de una inmensa riqueza vital:

«Lo siento, pero no me gustan los encefalogramas planos del alma…«

Rosa Peñasco

Por si fuera poco, soy de la opinión de que todos tenemos una Marilyn dentro y solo hay que saber si se trata de Monroe o Manson, aunque en algunos casos como el mío y como intuyo que también debe serlo el de Villena (en realidad como todos, aunque casi nadie lo reconozca), para desgracia y gloria de su portador se tiene el lujo y la desgracia de contar con las dos. De cualquier manera y como afirmó Oscar Wilde, “Lo peor en este mundo no es estar en boca de los demás, sino no estar en boca de nadie” y Villena, sin duda, no contradecía a Wilde, uno de sus autores fetiche.

El problema vino cuando me di cuenta de que, salvo que se copien los datos que se publican en la red y se lean unos apuntes burdos para salir del paso, no es en absoluto sencillo hacer una presentación profunda y honesta. Porque según la RAE, “presentar” es dar a conocer una persona a alguien ofreciendo los datos necesarios. ¡Pero qué barbaridad! –pensé-. ¿Cómo voy a dar a conocer a quien ya conoce todo el mundo? –me dije-. Estaba claro que al menos en el sentido literal de la palabra era imposible presentar a alguien como Villena que, además de estar lógicamente presente en el acto en cuestión, ocuparía todo el espacio con una presencia tan carismática y potente que sin duda se volvería impresentable (y conste -sobre todo para quienes hayan olvidado la importancia del artículo indeterminado- que he dicho impresentable y no “un impresentable”).

Invitación al acto en cuestión

Entonces cambié de táctica: deseché la idea de presentar a quien por su enorme presencia siempre se presentaría por sí solo y me embarqué en el afán de jugar a desentrañar el enigma Villena con diversos tipos de ejercicios…

Ejercicio de memoria: ¿te conozco? ¿Sí? ¿De qué?

Es lógico que, para empezar, intentara hacer memoria para recordar qué obras suyas había leído y si además conocía a Villena de algo. Por suerte, enseguida se despejó mi cabeza para llevarme a evocar diversos momentos relacionados con él.

No fue difícil observar que, indirectamente, me topo con Villena cada tres por dos porque ambos somos amigos en Facebook de mi paisano Joaquín Brotons: un conocido poeta homoerótico de La Mancha que reseña todas las novedades de Villena y al que, inevitablemente, aludiré en otras líneas.

Además, no hace mucho leí un artículo muy divertido, titulado “Barrocos versus Austeros”, sobre el 40 aniversario de la movida madrileña y la reunión de algunos de sus protagonistas en la sala El Sol de Madrid en febrero 2020. No sé si hacen buenas migas o no, pero personalmente me encantó verlo coincidir en la foto con nuestro querido Paco Clavel.

Sin embargo, al descender en el tiempo llegué a recordar un día muy lluvioso, en la Feria del Libro de Madrid del año 2002. Allí, en pleno corazón de El Retiro, el famoso dramaturgo Francisco Nieva, uno de mis paisanos más ilustres, presentaba su novela autobiográfica “Las cosas como fueron”. Villena se encargaba de acompañarlo en aquella presentación pasada por agua y me encantó la elegancia con la que ensalzó a Nieva, al tiempo que le quitaba importancia a la inoportuna lluvia: ‘Paco es tan mágico que se ha regalado a sí mismo un día otoñal, haciendo repiqueteos de lluvia sobre esta carpa de la Feria del Libro’.

Debe ser que los confines de la memoria son infinitos porque, al dejarme caer sin paracaídas por todos los calendarios del mundo, me sorprendí rememorando el final de la década de los 90. Estaba muy emocionada después de haber leído un libro que me marcó, quizás porque entonces me ayudó a entender por qué me separé de ciertas personas que ahora veo con claridad que eran muy tóxicas, pronunciando una especie de no con vosotros aunque no sepa dónde. Se trataba de un poemario de Villena, titulado “Asuntos de delirio” (abro paréntesis: trabajando estas líneas me llamó la atención saber que muchos años después, Villena consideró que “Asuntos de delirio” era su libro más verdadero, aunque también el más enmascarado y el más decadente. Y cierro paréntesis con la inevitable intención de compartir algunas estrofas de aquel poema, titulado “La mayoría moral, intachable y serena”, de aquellos Asuntos de delirio que, delirantemente, volvieron a despertarse en mí).

“Yo nunca fui de los suyos. He podido reír en una cena, aceptar un convite, simular que estaba de acuerdo con el modo eficaz en que han ido cuadriculando el mundo… Ellos llaman Orden a su vida, y se ponen palmas, insignias, construyen colegios, iglesias, miran con respeto a las alturas jerárquicas, emulan, engañan, se perdonan, bendicen… Nunca fui de los suyos, pese a cierta apariencia. Pertenezco a las afueras, al margen, a la vida ágil y sucia que se escapa de su red de soga. En lo que a ellos les duele y asusta yo hallé la bondad. Mi corazón está lejos y está lejos mi alma. Mi camino se ha forjado en lo oscuro… Nunca fui de los suyos. Los odio. Los detesto. Su vida levanta comandancia y estados. Su vida es un cuarto de estar con aduana. Jamás con ellos, aunque no esté seguro de mi sitio” (“La mayoría moral, intachable y serena”, de Asuntos de delirio).

Definitivamente, su “Jamás con ellos aunque no esté seguro de mi sitio” me marcó entonces y hasta sirvió para reafirmar mi propio lugar, aunque lo que de verdad me apasionó de este poema fue una bellísima afirmación que nunca olvidé. Me refiero a una misiva que me ha ayudado a comprender mejor al escritor y a la persona: en lo que a ellos les duele y asusta yo hallé la bondad…

En lo que a ellos les duele y asusta yo hallé la bondad…

Entonces aún no era muy consciente, pero no tardé en aprender que cuando fluye indómita y alegre y repartida como el pan de los pobres, la vida es sumamente creativa y hace cosas muy curiosas. Lo digo porque poco tiempo después de la lectura de aquel libro fui con un grupo de amigos al barrio de Chueca que, en aquellos años, se empeñaba en florecer sin atisbos de convertirse en el obsesivo postureo en el que a veces se sumerge hoy. Y justamente allí, en la barra del famoso bar Black & White (Blanco y Negro para la mayoría), vi a Villena.

Sé que la oportunidad y la casualidad eran únicas y es cierto que me hubiera gustado comentar con él las diferentes heridas que pueden sufrir las personas cuando no son aceptadas solo por ser como la vida quiso que fueran. De muy buena gana habría charlado de tú a tú de la locura de desamor que surge cuando, precisamente quienes más deberían querernos, nos desarraigan para siempre al rechazarnos por no ser como ellos.

Mis amigos insistieron para que abordara al poeta pero no lo hice porque siempre me resultó vulgar y hasta mezquino interrumpir el momento de intimidad de cualquier persona, sea o no un personaje público. Y creo que acerté dejándonos en paz en un momento en el que, claramente, no era el momento. Porque, para colmo de indicios, justo en mitad de aquella duda sonó una música embriagadora y envolvente para dar entrada a dos hombres de cuerpos preciosos que, ayudados de aquellos acordes, bailaron sensualmente en directo, de un modo insinuante, bellísimo, artístico y nada soez.

¡Qué inoportuno hubiera sido aprovechar la oportunidad! Estoy segura de que si le hubiera dicho algo, Villena habría recordado a Montale, Premio Nobel de Literatura de 1975, y las acertadas y demoledoras palabras que pronunció en una entrevista de 1951 (año del nacimiento de Villena, por cierto):

Detesto la normalidad. Y detesto a quienes – siglo a siglo, en áspera piedra pómez – han levantado el ominoso monumento a esa Normalidad, que nos lleva a todos – con los ojos vacíos – a la grisalla y a la muerte.

Imitando con cierta sorna el orden dentro del caos al que tantas veces se refirió Heráclito, siempre me ha gustado decir, en plan manchego, que el Universo primero la lía parda pero después no da puntá sin hilo. Prueba de ello es que aquí estoy, contándole a Villena esta historia más de veinte años después o cuando la vida nos ha vuelto a juntar con vino y literatura, dentro y fuera de La Mancha. Pero no puedo distraerme: debo seguir indagando en Villena, al margen  de aquella experiencia personal. Allá voy:

Ejercicio de la simple estadística

Cualquiera puede hacer una pesquisa tan sencilla como la de buscar a Villena en internet, para después limitarse a numerar como un niño de San Idelfonso en Navidad una fría retahíla de datos. Aunque este ejercicio sería de todo menos enriquecedor, no deja de ser instructivo comprobar cómo en la red y a modo de estadística, además de la infinidad de artículos y videos suyos, el escritor está etiquetado en los siguientes 21 ítems que copio descaradamente…

1. Hombres. 2. Nacidos en 1951. 3. Activistas por los derechos LGBT de España. 4. Críticos literarios de España. 5. Escritores de España del siglo XX. 6.   Escritores de España del siglo XXI. 8. Escritores de Madrid. 9. Escritores en español del siglo XX. 10. Escritores en español del siglo XXI. 11.  Escritores gais. 12. Alumnado del Colegio del Pilar. 13. Escritores LGBT de España. 14. Literatura de la movida madrileña. 15. Poesía española contemporánea. 16. Poetas de España. 17. Traductores de España del siglo XX. 18. Traductores del inglés al español. 19. Traductores del latín al español. 20. Escritores homosexuales de España. 21. Nacidos en Madrid.

Es evidente que las etiquetas pueden ayudar a concretar un poco, pero ni definen, ni desengranan, ni proporcionan una idea de quién es la persona o los intríngulis de su obra, así que fue inevitable que, rápidamente, me adentrara en otro tipo de pesquisas. Entonces me fui a la fácil caza y captura de sus méritos…

Ejercicio de los honores

Vayamos por partes: ¿por qué estoy aquí? –me pregunté-. Y me respondí: porque el 5 de septiembre 2020, en las no Fiestas del Vino de Valdepeñas se otorgará a Villena el premio “Vinos Nobles”, al que solo pueden optar premios nacionales. ¡Ah!, y porque vas a ser la escritora-telonera del acto porque vas a presentar al escritor –zanjé para no olvidar el auténtico porqué de aquel ¿por qué?-. ¡Glups!

¿Cómo? ¿Vinos nobles? Y la palabra noble comenzó a revolotear con cierta sorna por mi cabeza. Para empezar, me dio risilla constatar que Villena también era noble, pero no un noble del montón y sí uno muy especial. Ello se debía a que en la década de los noventa, su amigo Javier Marías inventó un reinado imaginario al que llamó “Reino de Redonda”. Después, se erigió Rey y Señor de tal reino y adjudicó a quien estimó conveniente títulos nobiliarios por doquier. Y así, el monarca del Reino de Redonda le otorgó en 1999 el título de Duke of Malmundo, sin duda por haber obtenido el XXI Premio la Sonrisa Vertical con la novela El mal mundo, del mismo modo que en este reinado imaginario, por ejemplo Almodóvar es Duke de Trémula por la película “Carne Trémula” que también estrenó en la década de los noventa…

La nobleza de Redonda, en http://www.javiermarias.es/REDONDIANA/lanoblezaderedonda.html

Después de calmar la risilla que me causó tan peculiar ducado también me vino a la cabeza la idea de que Villena no solo podía ser vino noble por su Premio Nacional de la Crítica de 1981, sino porque, aunque él sí es peleón, ni queriendo, ni soñando, ni borracho podría ser un vulgar vino del montón: ¡y mucho menos garrafón! Por cierto: estoy segura de que al escritor no debe gustarle mucho la utilización de la palabra “borracho” y ni mucho menos expresiones vulgares, tipo “pedo” o “cogorza” que tal vez él sustituirá por ebrio e incluso por chispado o piripi, junto con una hermosa melopea.

Creo que ello es así debido a su más que constatada exquisitez; tantísima exquisitez que con semejante finura unas veces raya la provocación, otras abre el baúl de lo cursi y casi siempre hace las dos cosas, hasta el punto de que no es extraño que el escritor, cuando menos lo espere nadie, levante la voz para soltar perlas tan apoteósicas como “Estoy harto de este mundo de cabreros en el que nadie sabe bailar el minué”.

«Estoy harto de este mundo de cabreros en el que nadie sabe bailar minué”

(Luis Antonio de Villena)

Reconozco que cuando le escuche gritar semejante afirmación, mordiéndome los labios para no reír pensé que me hubiera gustado tener la opción de hacer un amplio trabajo de campo y comprobar, entre miles de personas, cuántas reacciones serían de risa, estupor, rechazo, sarcasmo, enfado o brutalidad y cuántas de inexplicable indiferencia, hecho que, inexorablemente, me obligaría a abrir una nueva investigación para averiguar de qué pasta estarían hechos quienes permaneciesen incólumes ante dicha exclamación…

Sin embargo y antes de continuar por y con estas líneas, he de advertir que en mi tierra a veces las reglas funcionan al revés, hasta el punto de que como he indicado en varias ocasiones pero nunca exenta de humor:

«Para hablar correctamente en La Mancha, a veces es necesario dar la vuelta al glamur como a un calcetín»

Rosa Peñasco

Porque lo que imagino que quizás a Villena puede sonarle burdo –y conste que solo imagino-, a los manchegos nos resultaría demasiado fino y al revés, ya que determinadas palabras como, por ejemplo puntada, pirado o portada, en la tierra de Quijote se convierten automáticamente en puntá, pirao y portá porque, de lo contrario, nos sonarían tan mal como si escucháramos “Bilbado”, en vez de Bilbao…

Volviendo al terreno de los “honores”, es interesante indicar que, desde noviembre de 2004, Villena es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lille (Francia). Aunque debo dejar claro que en estas líneas y por razones obvias de espacio no voy a tener en cuenta sus traducciones, la crítica literaria y la infinidad de artículos de opinión que ha escrito en varios periódicos españoles o su colaboración es numerosos programas televisivos y sobre todo radiofónicos, sí es importante resaltar que gran parte de la obra de Villena -en verso o prosa- ha sido traducida a idiomas como el alemán, japonés, italiano, francés, inglés, portugués o húngaro, bien individualmente o en antologías.

De otro lado, el Premio “Vinos Nobles” que recibiría -y de hecho recibió- el 5 de septiembre en Valdepeñas era la consecuencia del Premio Nacional de la Crítica que se le otorgó en 1981. Pero sus méritos no quedaron ahí: el escritor también cuenta con el Premio Azorín de novela (1995), el Premio Internacional Ciudad de Melilla de poesía (1997), el Premio Sonrisa Vertical de narrativa erótica (1999), el Premio Internacional de poesía Generación del 27 (2004), y el Premio Internacional de Poesía «Viaje del Parnaso» (2007), precisa y curiosamente organizado en y por Valdepeñas.

De acuerdo: nobleza, premios, méritos y honores, ¿pero quién es Villena? ¿Cómo es su obra? Sin duda, hay que intentar desentrañar estos enigmas con otro tipo de ejercicios…

Ejercicio de los números o del tanto tienes, tanto vales

Este ejercicio consiste, fundamentalmente, en aportar como datos infinidad de cifras. Números y más números y a veces simples méritos al peso que insuflan ego a raudales y pueden servir para perderse en un horroroso tanto tienes, tanto vales. Por “tanto”, este numérico ejercicio puede resultar útil para algunas cosas, pero hay que dejar claro, desde el principio, que también sería contrario a los principios de su idolatrado Epicuro que siempre abogó por Ser y no por Tener.

Villena cumple a la perfección la máxima de su querido Oscar Wilde: Hay dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Por suerte, él ha tenido una maravillosa vida intensa y la ha contado, en contra de quienes teniendo algo que decir no lo han hecho y, por descontado, muy en contra de los que Villena denomina falsos poetas de internet porque publican compulsivamente en la red, cuando en infinidad de casos estarían mucho más guapos sin haber roto el silencio…

Pero si hablamos de números hay que decir que a los 16 años -y no a los 15 ni a los 17- y después de hartarse de las doctrinas de su colegio de curas, Villena decidió dejar de ser católico… Y fue precisamente en torno a aquellos difíciles años cuando escribió 8 libros, aunque hasta los 19 años no publicó su primer poemario. Se tituló “Sublime solárium” y como dato anecdótico y casi surrealista no está de más indicar que, mucho tiempo después, quiso comprarle el sonoro título una marca de bronceadores, aunque Villena nunca accedió a su venta.

Respecto de aquellos primeros e inéditos 8 libros, son interesantes las palabras del escritor:

Primero escribí ensayos porque quería ser sabio y luego poesía después de leer a los modernistas y a los simbolistas. A los quince o dieciséis años ya tenía escrito algún libro. Creo que el primero se llamaba «Aromas de ensueño». Luego lo rompí. Posteriormente, ya en la Universidad, tuve un profesor que me empujó a la literatura en vivo, al mundo editorial. Mi primer libro publicado es de cuando yo tenía 19 años, pero ya era mi octavo libro.

En casi 50 años no ha dejado de escribir, acumulando en su hacer y en su haber miles y miles de páginas, distribuidas en tres géneros: ensayo, novela y, fundamentalmente, poesía. De hecho, desde 1971 ha publicado 40 libros de poesía (casi me quedo ciega contándolos), con algunas reediciones y antologías. Su último poemario, precisamente editado en este extraño 2020, se titula Grandes galeones bajo la luz lunar y fue publicado justo antes del confinamiento y pese a algunos problemas de salud que a buen seguro pudo mitigar en sus posteriores vacaciones veraniegas en Málaga.

A su vez y desde que en 1974 escribió “El dandismo” y hasta el año 2017 que publicó “Baroja: un anarquista de derechas”, han visto la luz 42 ensayos aunque, algunos de ellos, más que ensayos podrían considerarse biografías sobre grandes escritores como Cavafis, Cernuda, Pio Baroja, Bayron y su admirado Oscar Wilde, así como artistas de la talla de Miguel Ángel Buonaroti o Leonardo da Vinci y su también admiradísimo pintor Caravaggio, de quien ha confesado que le encantaría tener un cuadro -¡tenebrismo manda, supongo!-.

En cuanto a narrativa, ha publicado 32 libros entre relatos y novelas desde que en 1980 escribió “Para los dioses turcos” y hasta que en 2019 publicó “El exilio del rey” sobre el final del poeta Aníbal Turena, junto al tercer tomo de sus memorias, titulado “Las caídas de Alejandría”: un buen tocho que, por cierto, compré en la librería Teseo de Fuengirola y ha viajado en el trasportín de mi bici este verano, en busca de calas sin gente por la Costa del Sol (Villena no lo sabe, pero hemos pasado las vacaciones juntos).

Respecto a “Las caídas de Alejandría”, no puedo dejar pasar estas líneas sin citar la fantástica reseña que hizo su amigo de más de cuarenta años que no es otro más que mi querido Joaquín Brotons, a quien cariñosamente llamo “mi chache”, que en La Mancha significa hermano.

Con «mi chache» Joaquín Brotons: gran poeta homoerótico (www.joaquinbrotons.com)

Como dije en otras líneas, Brotons también es un gran poeta homoerótico que triunfó en los contornos manchegos, especialmente en la década de los ochenta que tanto promulgó la ventilación de todos los armarios. Solo como referencia de la amistad que une a ambos, basta decir que Villena presentó en 1982 su poemario “El espejo de la belleza” en la entonces Casa de La Mancha, del mismo modo que Brotons reseña prácticamente todos los libros de Villena cada vez que ven la luz. Respecto a “Las caídas de Alejandría”, el poeta manchego indicó:

“El autor hace un amplio y diverso recorrido por su vida literaria, social, sexual… Sin pelos en la lengua -como acostumbra-, nos narra unas memorias reales, vividas intensamente en todos los sentidos, ya que pocos escritores actuales  pueden presumir de haber compartido mesa y mantel con todos los grandes de la literatura, “la crema y nata de la intelectualidad”, pero también con infinidad de jóvenes y bellos chaperos que han convertido su soledad en placenteras noches eróticas”.

Para concluir este ejercicio cuantitativo debo indicar que se me irritaron los ojos hasta desistir de seguir contando la infinidad de entradas sobre publicaciones de Villena que constan en Dialnet (aconsejo este ejercicio para quien quiera afinar la vista, repasar matemáticas y cultivar la paciencia). Además y teniendo en cuenta que el premio “Vinos Nobles” se le otorgaría el día 5 de septiembre de 2020 y recordando que cumple años el 31 de octubre y por tanto le faltarían 56 días para alcanzar sus casi 69 años, es inevitable ponerme en modo azafata 1, 2, 3, para concluir, calculadora en mano, lo siguiente:

En sus 25069 días de vida, que son el resultado de multiplicar 365días x 68 años + 249 días de 2020 hasta el día 5 de septiembre + 13 bisiestos del siglo XX + 4 bisiestos vividos en el siglo XXI, con sus 602064 horas o 32.123.840 minutos (aquí puede haber errores debido a la típica impuntualidad ibérica), el prolífico Villena -sin contar artículos, inéditos y otras colaboraciones- ha escrito 114 libros en 49 años que dan como resultado una media de más de dos libros publicados por año: ¡casi nada!

La que parece una cómica conclusión, nuevamente nos conduce a Wilde y a su Hay dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Sin embargo, también desemboca en otro de los autores fetiche de Villena: Lord Bayron y su máxima de que “Cuando el hombre cesa de crear, deja de existir”.

Lo siento, pero es en este momento cuando como escritora pillo trapo y me identifico plenamente con Villena, quizás porque mi musa es irreverentemente invasiva y mi escritura muy compulsiva, hecho que me ha llevado a deducir lo que muchas las veces he experimentado en mi propia piel: los artistas buscamos belleza porque la necesitamos para seguir vivos y, en más de una ocasión, aunque puede que sin ser conscientes, creamos compulsivamente para sortear a la muerte… Sea como sea, sé que tengo al ángel de la guarda estresao…

«Tengo al ángel de la guarda estresao»

Rosa Peñasco

Creo que fue así cómo deduje que el life motiv del prolífico y dual escritor reside en un intento compulsivo y constante de escapar de la falta de belleza y, por ende, de la maldad, de la enfermedad y de la muerte. Y teniendo en cuenta el dato, no es en absoluto incompatible que de un lado Villena se muestre vitalista, hedonista y hasta egocéntrico para ser el claro reflejo de la frase de Wilde: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe”, igual que en el otro extremo no sea difícil apreciar a un ser extremadamente sensible, frágil, desvalido y solo que parece ser el protagonista de la misántropa frase de Byron: “Solo salgo para reafirmar mi necesidad de estar solo”.

Presentación cualitativa: parole, parole, parole…

En este apartado se sustituyen los anteriores números por sustantivos y muchos adjetivos que serán de gran ayuda para intentar acercarnos a Villena aunque, lamentablemente, a veces puedan derivar en estereotipos que encasillan al personaje. Junto con los números, este ejercicio puede resultar muy gratificante para las mentes cuadriculadas que necesitan acallar las quejas de su hemisferio izquierdo, obsesionado con escapar del miedo a lo desconocido catalogando a los demás y contando, pesando y midiendo cuanto ven, para intentar tener todo bajo control. Sin embargo, llevando el ejercicio al último extremo siempre se corre el riesgo de etiquetar a las personas como si fueran productos de supermercado, hecho que, por mucho que se intente, es imposible con un autor como Villena porque, pese a las mil etiquetas que le han caído encima es, afortunadamente, inclasificable.

Pese a ello, analicemos sus tendencias y algunas de esas etiquetas con las que han intentado clasificar a este indómito de las letras, al tiempo que, además de felicitar a su web máster, recomiendo un viaje por su preciosa e ilustrativa página web.

NOVÍSIMOS

Según Wikipedia (y por favor: que nadie disimule ahora y niegue que, como todos, también consulta de vez en cuando la wiki), Villena es un poeta, narrador, ensayista, crítico literario y traductor español, habitualmente clasificado extraoficialmente en el grupo conocido como novísimos o venecianos, dentro de la conocida como generación del 68 en lo que a corrientes de la poesía española contemporánea se refiere. A su vez, Nueve novísimos poetas españoles  fue el título de un libro escrito por el crítico José María Castellet y publicado en Barcelona en 1970. Hay que afirmar, no obstante, que aquella primigenia clasificación de Castellet no es la única que existe sobre Villena, ya que con el tiempo se han hecho otras.

Es más: si bien aquella categorización resulta muy útil hoy día para referenciar a un jovencísimo Villena, no lo es para un autor que lleva escribiendo casi medio siglo. Por tanto, no hay más remedio que seguir indagando en el terreno de las tendencias y las arenas movedizas de las odiosas etiquetas…

DUALIDAD Y PROVOCACIÓN

Al analizar la figura y obra de Villena no puedo evitar insistir en su marcada dualidad; la misma dualidad que resulta repulsiva para muchos y sumamente atractiva, por humana, enriquecedora y fascinante, para mí. De hecho y recordando nuevamente a aquella Marylin que todos llevamos dentro solo a falta de determinar si es Monroe o Manson, vuelvo a destacar de Villena –y de quien escribe ahora- la clara posesión de ambas.

Pero no piense el lector que este hecho es traumático para el escritor: él mismo gusta de resaltar los vitales extremos hasta lograr la provocación, ya que provocar, sin duda, es otra de sus grandes habilidades. Y así, sobre su libro titulado “Madrid” que se centra en una movida madrileña que reconoce haber vivido junto a su amigo Fernando Savater, pero sin haberse zambullido plenamente en ella por cuestión de tener unos pocos años más que sus protagonistas, el propio Villena utiliza la dualidad más provocadora y provocativa, al afirmar, sin dudar:

«Mi libro tiene mucho de barra de labios y de sortijón salvaje de obispo pagano».

Luis Antonio de Villena

¿Cómo quedar indiferente ante semejante mezcla, repleta de –al menos para mí- fascinante provocación? En cualquier caso y en la extensa línea que abarca los extremos del cielo y la lírica marginación que encuentra en el infierno –ambos son lugares en los que el escritor se ha quedado a vivir-, siempre hay un denominador común que es la belleza.

Villena, tanto arriba como abajo, folclórico o mustio, nostálgico o eufórico siempre es un esteta, un buscador patológico de la belleza y un auténtico zahorí que no cesará en el empeño de encontrarla para rodearse de ella y así poder sentirse a salvo.

Rosa Peñasco

Solo hay que leer este párrafo de «Desequilibrios» para comprender lo dicho hasta ahora: “Hablamos de belleza, de muerte y de locura mientras el mundo gotea sangre, desperdicios, humillación, esclavitud… Nieva infinitamente junto a los palacios y el canto de los popes es como un sueño de resurrección imposible…” 

Sea como sea, los extremos se aprecian en sus trabajos sin confundirse con doblez o esquizofrenia. Todo lo contrario: se muestran irradiando humanidad y la inequívoca autenticidad de un ser complejo y completo que, muy al estilo Jodorowsky, parece haber hecho psicomagia con el dolor y el éxtasis que ha salpicado su vida. Al fin y al cabo, eso es lo que debe hacer un gran escritor: experimentar en sus carnes la luz y la sombra y lo más oscuro y doloroso para transformarlo en embaucadoras letras que lleven a quien lo lea a conocer mundos y submundos. Pero, ¡cuidado!: el resto, jamás deberíamos olvidar que como dijo en gran Einstein todo es relativo y, en este ámbito, lo que para muchos puede resultar oscuro, para Villena puede ser –y lo es- un canto a la belleza.

No distingo si en este sentido vuelvo a identificarme con Villena por culpa del que he llamado gen intenso que me persigue desde que nací (el mismo gen que me lleva a «tener el ángel de la guarda estresao»). De hecho, tras llegar a la luz por medio de una extenuante, loca y creativa intensidad vital, Villena también se me antojó un poco Pavlovsky:

 “No se puede jugar a medias; si se juega, se juega a fondo. Para jugar bien hay que apasionarse. Para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto. Salir del mundo de lo concreto es introducirse en el mundo de la locura. Del mundo de la locura hay que aprender a entrar y salir. Sin introducirse en la locura no hay creatividad. Sin creatividad uno se burocratiza, se torna hombre concreto. Repite palabras de otro”.

Pavlovsky

Tanto la dualidad como la provocación se observan claramente en “Grandes galeones bajo la luz lunar”, su último poemario. De hecho, Brotons también lo reseñó resaltando esta especial característica de Villena:

“En “Grandes galeones bajo la luz lunar”, el autor nos narra la sensualidad vivida, pero con la nostalgia de lo perdido: cálidas noches de placer con jóvenes muchachos, en playas, burdeles y hoteles; pero también es un  tomo lleno de desengaños,  en  el que, en su discurso poético hay soledad,  lejanía, desaparición, traiciones…, dado que el literato sabe perfectamente que ya ha envejecido y que lo bueno de la vida pasó raudo y veloz, que ya asoma la máscara monstruosa gris de la vejez y sus afiladas uñas-garras negras, en una sociedad hipócrita, fría, deshumanizada y competitiva, que sólo adora al becerro de oro y que detesta, ya  que no sabe enfrentarse a ella, porque no lo han  enseñado y ha vivido en un mundo idealizado, soñado…, que no era el real, en el que abundan  los engaños, los falsos amigos, los tahúres, la sordidez, la mediocridad, la chusma, que camina por la tupida, húmeda y oscura selva, que es la verdadera vida, la real, no la soñada por el gran poeta que es  Luis A. de Villena, que yo considero el García Lorca del siglo XXI”. 

Personalmente y puestos a realizar el tantas veces deleznable ejercicio de la comparación creo que, salvo por alguna rebuscada y lejana analogía con algún verso de “Poeta en Nueva York”, en vez de un Lorca del Siglo XXI Villena se me antoja más parecido a Cavafis, sobre todo cuando se muestra melancólico y añora la juventud perdida. Sí, definitivamente, creo que el Villena de hoy seguirá arreglándose el foulard mientras acepta lo inevitable, pero sin dejar de gritar “Vuelve”:

Vuelve a menudo y tómame,
amada sensación, vuelve y tómame
cuando despierta del cuerpo la memoria,
y un antiguo deseo atraviesa la sangre,
cuando los labios y la piel recuerdan,
y sienten las manos que acarician de nuevo.

CULTURALISMO

Al redactar estas páginas no dejé de agradecer la existencia de internet, ya que Villena es una enciclopedia andante y cada tres por dos hace referencias a otros autores en su poesía, ensayo o prosa. Por ello, destaca en su obra –y en su palabra hablada porque doy fe de que habla como escribe y escribe como habla- la corriente estética y literaria conocida como Culturalismo, precisamente por la concentración en sus textos de abundantes referencias culturales. Y así, un poema de Villena remite a otros autores y a otros poemas y trabajos, logrando que se aprendan infinidad de cosas, a veces a cambio de también enloquecer un poco.

En cualquier caso y llegados a este punto, no me cuesta reconocer dos cosas. La primera es que este todo en el Todo tan típico de Villena me encantó porque me reconectó con un Humanismo perdido, al tiempo que se me antojó lejos de la barbarie del especialismo de la que tanto se quejó Ortega y Gaset, sobre todo cuando afirmó que el nuevo bárbaro es quien sabe mucho de una cosa, pero ignora todas las demás. La segunda es que, acertadamente o no, llegué a la conclusión de que si lograba conocer a los personajes y referencias a los que él aludía, también podría conocer un poco mejor al propio Villena…

Sin abandonar las páginas de “Grandes galeones bajo la luz lunar”, basta leer el bellísimo poema “Preguntar por la muerte” para apreciar la corriente denominada culturalismo: 

 “Temo a la enfermedad y al dolor, pero a mi edad la muerte súbita ya me parece reposo, bienandanza. Señor del Erebo, si te acuerdas, concédeme ese instante de eutanasia. Y si al irme, tranquilo y concorde, me fuere dado pedir algo, una suerte de broche final, muy mío, pido sólo contemplar hermosas imágenes de mozos jóvenes en una playa, desnudos. Recita a Estratón o a Pound. En ellos, el valor verdadero de la vida del que me despido, con sus cuerpos de luz, resignado, feliz, amigo…  Nada más, nada más os pido”.

Luis Antonio de Villena

Es inevitable entonces, intentar acercarse a Estratón y fundirse con Villena comprendiendo alguno de los epigramas del filósofo griego que en su día sucedió a Teofrasto en la dirección del Liceo, la academia fundada por Aristóteles:

“Comencemos por Zeus, como dijo Arato.
Y a vosotras, Musas, hoy no quiero molestaros.
Pues si me gustan los muchachos y con muchachos trato,
¿qué importa esto a las Musas Heliconiadas?”

Sin embargo, para mí lo más fascinante tuvo lugar cuando también decidí acercarme a su querido y aludido Pound que, al igual que el propio Villena, también es culturalista porque, de continuo, ¡y grito socorro!, alude a Homero, Confucio y Dante en muchos de sus trabajos. Sin duda, fue aquí cuando la manida frase open your mind se convirtió en religión para mí, ya que en un abrir y cerrar de ojos y solo con el detonante de una frase de Villena, un sinfín de autores y de obras coparon mi ordenador, mi móvil, mi mente y estos folios:

¡Maldita y bendita mi suerte! ¡Siglos de literatura delante de mí, solo por una expresión de Villena!

Pero lo mejor de todo fue comprobar que, como ocurre casi siempre, la intuición estaba en lo cierto. Y lo digo porque tal y como presentí al principio, conociendo mejor a los personajes a los que el Villena aludía, también podía conocer mejor al escritor. Al menos así ocurrió con la poesía de Pound que con ideogramas chinos o incluyendo palabras en griego y en latín, en un descomunal intento de construir una visión caleidoscópica de la historia y la cultura abordó con la misma naturalidad Mitología, Historia y teoría económica.

Pero si Pound me recordó a Villena y Villena a Pound, no solo fue por la corriente culturalista que caracterizaba a ambos, sino porque Villena escribe muchas veces con la pluma empapada en la tinta de la provocación, igual que Poud llamó “florituras” a toda poesía que no fuera descarnada o no estuviese “pegada al hueso”:

“La aurora entra con sus pies diminutos
como una dorada Pavlova,
y yo estoy cerca de mi deseo.
Nada hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos”.

Pound

EPICUREISMO HOMOERÓTICO

Es más que evidente que el escritor es un icono en nuestro país de la conocida como literatura homoerótica y del movimiento LGTBI. Pero, ¡cuidado!: un espíritu como el suyo nunca se podría enclaustrar en las cuatro paredes de un armario.

«Si acaso, la especialidad de Villena es un continuo “salir de almario” porque en cada uno de sus libros desnuda su ser y lo expone sin rubor».

Rosa Peñasco

La mezcla de la literatura homoerótica con el epicureísmo es más que potente, ya que a la fuerza de la primera hay que añadir la continua búsqueda de una vida feliz, mediante una también búsqueda inteligente de placeres y la ausencia de turbación que caracteriza a la corriente fundada por el filósofo griego Epicuro de Samos.

Villena es un ardiente defensor de Epicuro y no ha dudado en protestar contra su demonización, sin duda surgida por la también demonización que a lo largo de siglos llevó a cabo la Iglesia respecto de todo lo que resultara placentero. Ambos aspectos pueden observarse en su artículo “Filosofía para la felicidad”: “A Epicuro le gustaba el placer, pero eso era el bienestar y el razonar sobre la vida.  Quería combatir el dolor y el temor a la muerte y a él se debe ese celebrado dicho de  no tener más sino ser más. 

DECADENTISMO Y ESCÁNDALO

Además de la evidente nostalgia por tiempos pasados y muchas veces explorando las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente, el decadentismo también exalta el heroísmo individual y desdichado (Villena lo exalta de maravilla, por cierto). El decadentismo se caracteriza, además, por arremeter sin piedad contra las costumbres burguesas y su tantas veces falsa moral, sin temer al escándalo y hasta provocándolo (las performances también son una especialidad del escritor).

De hecho, en el poema “La vida escandalosa”, puede observarse el decadentismo y su correlativo escándalo, así como el epicureísmo homoerótico:

¿Y qué puedo decir? ¿Asentir? ¿Negarlo? He bajado las escaleras que he bajado (muy en penumbra, a menudo). Con la vista me voy, sin evitar atajos, a los lugares aquellos que no sospecha nadie. A ciertas horas no se llame a mi teléfono: donde voy aquel rato no lo nombro al amigo -ese que tiene casa y mujer y empleo asegurado-. Lo que bebo en tu copa (he hablado de ti todo el poema) lo adjetivo para que no se entienda. Lo que hago contigo lo niega mi faz por la mañana. Por la esquina maleva paso, embozado, muchas noches. ¿Asentir? ¿Negarlo? Sé bien que se murmura. Pero yo no hago caso. (Y no se escandalicen los prudentes.) Que toda vida que se vive plena es vida para escándalo».

DANDISMO

Precisamente “El dandismo” fue el título de su primer ensayo, publicado en 1974. Desde entonces -y puede que seguramente desde siempre-, Villena no ha dejado de mostrar una postura estética, cercana al movimiento dandy -ya también dandi- o, como suele afirmarse, al arquetipo de persona muy refinada en el vestir. Hay quienes creen que ser dandi es muy superficial, pero va mucho más allá de llevar una ropa u otra porque el dandismo es una auténtica filosofía de vida que se aprecia, fácilmente, en la gran personalidad de sus protagonistas. Y Villena, por cierto, muestra dandismo en su ropa, en sus gestos, en su hacer y en el haber de su obra…

Abro un paréntesis para indicar que, cuando pienso en dandis, dandismo y Villena, me viene a la cabeza la preciosa canción “Amarraditos”, de María Dolores Pradera: No se estila, ya sé que no se estila que te pongas para cenar jazmines en el ojal. Desde luego, parece un juego, pero no hay nada mejor que ser un señor de aquellos que fueron mis abuelos…

Hay muchos tipos de dandis, pero Villena es un admirador de los británicos Oscar Wilde y Lord Bayron, así como de hispanistas como Cernuda. De hecho ha escrito ensayos sobre los tres, hecho que parece demostrar, una vez más, que conocer a sus personajes fetiche tal vez facilita la ambiciosa pretensión de conocer un poco mejor a Villena.

Me gustó tanto cuando la escuché que, muchas veces, he recordado la frase “Me gustan las cosas que solo sirven para hacer bonito”. La pronunció el personaje de la hermana Rosa en la película de Almodóvar “Todo sobre mi madre”, pero ahora, con este trabajo, he entendido que en cierta manera la frase guarda relación con la esencia del dandismo. Y lo digo porque como ejemplo del mismo y del bellísimo carpe diem que aboga por no pensar y sí buscar la belleza y la juventud, solo hay que leer uno de los versos de Villena: «Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa».

Salir todas las noches, arreglarte el foulard con cariño esmerado ante el espejo, embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir y anhelar jóvenes cuerpos. Dejar de amanecida tan fantásticos lechos, y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando en la memoria, porque hablan de vellos y delicias y escondidos lugares, y perfumes sin nombre, dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces, qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán después, un tanto yermas, y esperarás el sueño. Del día que vendrá no sabes nada.

Luis Antonio de Villena, poema “El arte de vida”, de “Hymnica”.

Como un dato quizás más superficial, en otoño e invierno y al igual que Bayron y Wilde, Villena se me antoja un dandi inglés por sus chalecos cheviot, trajes príncipe de gales y preciosos foulards con estampados cachemira, aunque en primavera me parece que se transforma en un dandi más hispánico y del estilo de Cernuda, de quien sobre su vida y obra hizo la tesina. Sin embargo, en verano Villena me parece un dandi caribeño que bien podría ser el dueño de un cafetal o de las navieras y barcos de vapor que surcaban el río Magdalena, en la época del “Amor en los tiempos de cólera”. Con cafetal o navieras, a buen seguro que un buen dandi caribeño acudiría por las tardes al precioso casino local, de techos inmensos repletos de ventiladores que giran sin cesar y dispersan el calor tropical y el humo de los habanos.

Mi imaginación sigue haciendo de las suyas y veo cómo en aquel casino, en el cafetal, en el vapor, en Málaga o en Madrid, Villena viste en verano uno de esos trajes de chaqueta de lino blanco que antes debían plancharse y almidonarse a diario y siempre, sin excepción, se acompañan del sombrero blanco de raya negra que vulgarmente se conoce como Panamá. Y lo siento: digo vulgarmente porque un auténtico dandi como él, a buen seguro sabe que ese sombrero que se vende a precio de oro en las pocas y ancestrales sombrererías que aún quedan abiertas en la plaza Mayor de Madrid, se conoce con el nombre de Panamá porque EEUU se adueñó del producto cuando, de manera natural, llegó hasta aquel país sobre las cabezas de los trabajadores ecuatorianos que participaron de la construcción del canal de Panamá.

Villena con su dandismo «de verano»: traje de lino blanco y sombrero Monticristi-seda

A día de hoy y al margen de que sigue habiendo pleitos por la denominación de origen de dicha prenda, un buen dandi como Villena sabe que el auténtico sombrero blanco de raya negra no es un Panamá, sino un Montecristi-seda o un Jipijapa-seda que son las dos ciudades de Ecuador en donde se fabrica a mano y siempre tejido bajo el agua, por las mujeres del lugar…

Finalmente, a su vestimenta nada casual, Villena suele añadir un guiño pop, llevando una gafa de concha de diferentes colores, quizás como recuerdo o vestigio de la movida madrileña que presenció, junto a Fernando Savater, sin zambullirse de lleno en ella por la cuestión generacional a la que ya aludí en otras líneas.

Reconozco que debería haberme plantado aquí, pero mi curiosidad, bendita y maldita a la vez, me llevó a preguntarme por qué Villena era como era y por qué tanto su obra y él, él y su obra, eran dandis, culturalistas, decadentes, epicúreos, homoeróticos, escandalosos, provocativos, duales y bla, bla, bla… Y me fui al momento en el que se explican todos porqués de casi todas las vidas…

Ejercicio de bucear por los orígenes

Villena nació en Madrid, en 1951. Fue hijo único y también nieto único por la rama paterna. Nació y creció en el seno de una familia bien, en un barrio también bien y estudió en el Colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid, en el barrio de Salamanca, uno de los centros educativos más prestigiosos del país y gran coleccionista de alumnos célebres…

Fue un niño mimado que además y como él mismo reconoce en su libro «Mamá», estuvo siempre muy enmadrado.

En su familia vivían varias mujeres y, como él mismo también indica, eran casi todas viudas. Así que no es difícil imaginar que aquel niño rubito con camisita y canesú, tenía encima una corte femenina dispuesta a complacerle cualquier capricho, antes de que él se quejara o pronunciara palabra alguna.

No sé si la siguiente información es interesante o el inconsciente me ha llevado a ensalzar otra vez a mi tierra, pero lo cierto es que varias mujeres manchegas pasaron por la vida del escritor por el hecho de trabajar en su casa como empleadas domésticas. Agustina, sin embargo, permanece viva en su recuerdo porque al haber nacido en un lugar minero, concretamente en Almadén, siempre advirtió a aquel niño con la lírica frase de que debía tener cuidado con el mercurio porque se come el oro. Pero Villena también recuerda a Agustina porque de niño se lo llevaba al mercado y allí sisaba dinero de la compra diaria para poder adquirir berenjenas de Almagro: unas berenjenas que aquel niño que ya apuntaba maneras fue incapaz de probar, debido al asco que le producía que rezumasen líquido y deshicieran y embadurnaran el papel de estraza con el que siempre las envolvían, en aquellos años en los aún no existía el plástico y la gente era ecologista sin saberlo.

Anécdotas aparte, hay que afirmar que hoy en día, la circunstancia de encontrar por casualidad algo que no se buscaba, se conoce con el nombre de “Serendipia” que, en realidad, se corresponde perfectamente con el conocido refrán “No hay mal que por bien no venga”. El mismo hecho, ya fue puesto de manifiesto por Heráclito al afirmar que “El Universo se desenvuelve según medida” porque “Todo obedece a un orden, dentro del caos”. A su vez y como ya afirmé antes, mi osadía me llevó a traducir a lo manchego tales reflexiones, afirmando cómicamente:

«Aunque primero la lía parda, el Universo nunca da puntá sin hilo».

Rosa Peñasco

Muchos pueden preguntarse por qué digo estas cosas ahora. Y la razón es tan sencilla como la contundente frase de Bayron: “La envidia hace muecas, no se ríe” y Luis tuvo que ser un niño tan envidiado que sufrió acoso, quizás por su timidez de entonces y por sus ya marcadas diferencias. Sin embargo, el problema llegó en la difícil edad de la adolescencia o cuando aquel acoso se hizo casi insoportable y el futuro escritor se refugió en los libros, tras descubrir que el mundo de la literatura era más fascinante que el mundo real. Fue también entonces cuando además de refugiarse en infinidad de páginas, empezó a escribir las suyas y cuando, poco tiempo después, también comenzó a estudiar Filosofía y Letras para terminar haciendo la que entonces se denominaba “tesina” sobre el hispánico dandi Luis Cernuda.

Y tras observar este gran puzle sideral que es la vida, me pregunto si, aunque duela y fastidie, a veces –y solo a veces- hay que dar gracias a algunos malotes que se cruzan en nuestro camino, quizás porque sin sus hazañas y el daño y la presión que nos generaron, no seríamos quienes somos porque tal vez no  habríamos tomado las elecciones y los caminos que tomamos. Ahora estoy demasiado saturada como para dar una respuesta a una cuestión que, con toda seguridad, generaría una controversia interesante. Sin embargo, sí dejo por aquí la pregunta junto a la reflexión de que, al menos en el caso de Villena, el dolor y el desarraigo causado por aquellas circunstancias, sin duda forma parte, directamente, de su inclinación por la literatura.

En la rueda de prensa previa a la entrega del premio, con Jesús Martín, alcalde de Valdepeñas, Luis Antonio de Villena, Matías Barchino y Rosa Peñasco.

En cualquier caso, esta presentación ya estaría completada más que de sobra, pero el problema es que mi cerebro, con la dopamina a mil por hora, no está dispuesto a dejar de jugar. Entonces, reconozco que utilizo a Villena como excusa para seguir jugando y doparme alimentando a mi bulímica cabeza, buscadora incansable de sinapsis. Y juego más que nunca: esta vez poniendo en el especial tablero de la Historia, tanto la vida de Villena como la de todos sus personajes. ¿Qué saldrá de aquí? Veámoslo…

Efemérides del día 31 de octubre

Ya sabemos que Villena nació en Madrid el 31 de octubre de 1951 –y conste que no soy yo y sí la red quien ha destapado la caja de Pandora de su edad-. También sabemos que es ateo desde los 16 años, ¡y noble! Pero lo que no había descubierto es que buscando y buscando por los lugares más insospechados, acabé en el santoral, que siempre brinda una pista muy poética -a veces cómica-, sin duda digna de estudio. Porque, curiosamente, el día 31 de octubre se homenajea al único noble de los santos, concretamente a San Alonso Rodríguez que pasó a la historia como: “el noble que siempre está dispuesto a combatir”. Y lo siento, pero en este momento es cuando río sin parar, pensando que es inevitable que también reciba el premio “Vinos Nobles” por culpa de un santo.

A lo largo de la Historia, también el día 31 de octubre ocurrieron muchas cosas, curiosamente relacionadas de manera directa o indirecta, con Villena. Y solo como ejemplo, bastan las siguientes:

  • En el poemario, la prosa del mundo, Villena dedica un poema a Rómulo Augústulo, el último emperador romano de occidente, quizás sin saber que también el 31 de octubre aunque del año 475, Rómulo Augústulo fue proclamado emperador.
  • En 1991 escribió el ensayo “Yo, Miguel Ángel Buonaroti”, pero también un 31 de octubre, aunque del año 1512, se inauguraron en Roma los frescos de la Capilla Sixtina, igual que el 31 de octubre de 1541, Miguel Ángel terminó el mural El Juicio Final.
  • En 2018, Villena homenajeó a Miguel de Cervantes en un youtube, pero también un 31 de octubre, aunque del año 1615, Cervantes dedicó al Conde de Lemos, la segunda parte de El Quijote.
  • El 31 de octubre de 2019, se clausuró la exposición sobre Leonardo Da Vinci, de quien Villena también escribió una biografía.

Acontecimientos del año 1951

Siento decirle a Villena que el año 1951 (MCMLI) fue un año normal que además comenzó en lunes. Fue también el número 1951 de la designación de Era Cristiana, además del noningentésimo quincuagésimo primer año del segundo milenio, quincuagésimo primer año del Siglo XX y el segundo de la década de 1950.

Con carácter general ocurrieron muchas cosas: nacieron Rosa Montero, Ana Belén, Phil Collins, Mercedes Milá, Kárpov y John Stagliano, director estadounidense de cine porno. El 12 de julio murió Juan Alcaide, un querido y conocido poeta de Valdepeñas.

Pero lo más interesante de aquel 1951 es que, de alguna manera, parece que sus personajes fetiche quisieron manifestarse el año en el que nació el escritor. Estuvieron especialmente activos:

  • Cavafis porque su obra empezó a extenderse por el mundo, cuando aquel año se publicó la primera edición inglesa de sus poemas.
  • Respecto a Oscar Wilde, hay que destacar, de un lado, que la editorial Aguilar publicó sus obras completas y Emecé el libro Vida y Confesiones de Oscar Wilde, de Frank Harris.
  • Lord Byron no se quedó atrás, ya que la editorial Ateneo, de Buenos Aires, publicó en 1951 “Obras escogidas”, de Lord Byron, igual que también en 1951 se publicó en Madrid (Instituto Miguel de Cervantes), el libro de Esteban Pujals: Esporonceda y Lord Byron.
  • Cernuda también quiso hacer algo especial aquel año 1951. De hecho, volvió a viajar a México y allí conoció a Salvador Alighieri, un nuevo amor que le inspiró Poemas para un cuerpo que, seguramente, Villena estudió en su tesina sobre Cernuda.
  • Por su parte, parece que Pío Baroja –del que Villena escribió Baroja: anarquista de derechas- no quiso quedarse atrás, ya que fue precisamente en 1951 cuando se le ocurrió presentar su novela “Miserias de la guerra” a la censura. Le subrayaron 533 líneas, en 48 páginas, y tachó 247: por suerte Baroja no corrigió y la novela se publicó intacta décadas después.
  • Maravillosa es la casualidad que tiene lugar con Caravaggio, el pintor preferido de Villena. Porque en la primavera de 1951 se inauguró la exposición Caravaggio y Caravaggeschi. En el espacio de tres meses, más de cuatrocientas mil personas admiraron sus trabajos. De hecho, el éxito fue de tal calibre que Patrizio Airello, décadas después, escribió el libro “Caravaggio 1951”.

Los astros y las tendencias

Puestos a analizar fechas, quizás resulte interesante saber que el día del cumpleaños de una persona también puede proporcionar otro tipo de información sobre ella. Y lo siento, pero como mi cabeza decidió seguir en modo dopaminérgico, sobre todo desde que casi por azar pudiera enterarme de que nació ya pasado el mediodía, jugando y jugando no dudé en introducir la fecha y el lugar en el que había nacido Villena, en la página de artrología www.astro.com. Fue casi mágico ver cómo allí apareció su carta astral, junto a la siguiente semblanza (recomiendo a los más curiosos el ejercicio de mirar los enlaces):

Sol y Luna en Escorpio. Ascendente en Acuario. Urano en la Casa Cinco. Venus en la Casa Siete. Plutón en Oposición al Ascendente. Sol en la Casa Ocho con Saturno en la Casa Ocho y Luna en la Casa Nueve.

Baste decir a modo de resumen y acorde con la información de la página citada, lo siguiente:

Villena es escorpio. Sé que suena a revista de peluquería, pero en este caso no lo es. Y no es por nada, pero teniendo en cuenta el dato es hasta lógico que sea un autor que –entre otros temas, claro está- escriba sobre sexo y erotismo, si pensamos que, de todos los signos solares, escorpio es el que más se identifica con la sexualidad, haciendo que sienta la vida intensamente y se necesite expresar pasión en todo lo que hace.

También resulta curioso su epicureísmo, al menos si tenemos presente que para un escorpio el amor es una oportunidad para el gozo, la alegría y el júbilo. Además, ¡todo debe ser practicado en dosis generosas y con gusto! ¿Y cómo no iba a ser epicúreo si según la página, lo que le interesa es la satisfacción de sus deseos en el aquí y ahora y no otra encarnación o experiencias astrales?

La dualidad a la que me he referido tantas veces tampoco debe resultar extraña, ya que en relación a su tipo psicológico se indica que Villena puede sentirse atrapado por el conflicto entre su necesidad de afecto y cercanía, y su necesidad de intimidad, espacio y libertad para perseguir sus intereses.

Por último y sobre todo para quienes duden de si Villena es auténtico o un personaje impostado hay que decir que un rasgo de su carácter que también arrojaron aquellos datos, es que no intenta esconderse tras máscaras sociales elaboradas ni tras pretensiones de enmascarar quién es y qué quiere. ¡Pero cuidado! Su lengua viperina y su cólera también existen, ya que tiene poca paciencia con la hipocresía y no es adverso a desafiar directamente y, si es preciso, insultar a aquellos que le insultan.

El lado oscuro y la sombra: Mitología y Literatura

No me extraña que Villena escribiera “En lo que a ellos les duele y asusta yo hallé la bondad”, en el poema “La mayoría social, intachable, serena”, del poemario “Asuntos de Delirio”. De hecho, solo la lectura de los títulos de sus trabajos, a buen seguro generarían dolor o miedo en muchos: marginados, la muerte únicamente, la belleza impura, las herejías privadas, diez sonetos impuros, desequilibrios, fuera del mundo, el burdel, huesos de Sodoma, tu piel en mi boca, patria y sexo, malditos, el mal mundo y un largo etcétera…

Sin embargo, hay muchas razones para explicar su atracción a mundos y submundos que otros rechazan de plano y tanto tiene que ver con el especial título nobiliario que le adjudicó Javier Marías como Duque de MalMundo, precisamente por la novela “El mal mundo”, con la que ganó el premio de sonrisa vertical. Una de ellas puede ser el planeta Plutón que rige su signo.

Porque en Mitología, el dios romano Plutón reemplazó al Hades griego que, como es sabido, recibía al barquero Caronte, portador de los muertos que llevaban las monedas en los ojos para poder hacer un buen viaje. Tanto Hades como después Plutón, fueron dioses del mundo subterráneo en cuyo reino se encontraba la morada de los muertos. Y como en los relatos mitológicos, descender al reino oscuro de Plutón es un acto heroico cuya recompensa será descubrir el secreto de la vida y la muerte, y el camino hacia la Luz.

Plutón, de Agustino Carracci. 1592

La energía de Plutón es emocional, intensa, compulsiva y profunda. Es una energía que presiona desde dentro y empuja a ir al fondo de la experiencia como si nos fuese la vida en ello o como, según Cavafis, solo los valientes beben del placer. Por ello, teniendo en cuenta estos datos, es lógico que en lo que a ellos les duele y asusta Villena hallara la bondad porque también es inevitable que le haya atraído la sombra, los prohibido y el lado oscuro según muchos.

Por el hecho de ser plutoniano, Villena es un experto Ave Fénix y, de soslayo, también un poco Bukowsky, ya que según este autor “Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad”. En parte y al menos con los datos de la Psicología Mitológica y Astrológica, Plutón solo opera desde el reino de la sombra, aunque para poder sacarlo a la luz hay que proporcionarle alguna vía creativa que ayude a transformar y expresar positivamente tantísimas energías acumuladas, casi siempre compulsivas.

La expresión creativa plutoniana debe entenderse como una sublimación y como la de un poder que da nueva forma a lo que hay dentro: ¡justo lo que hace Villena!

En definitiva, Villena acepta su sombra, reconoce la existencia de esa parte oscura que la mayoría ni ve, ni reconoce y ni mucho menos quiere enseñarle al mundo, quizás porque aceptando la sombra y reconociéndola, después se sumerge en la psicomagia que supone el maravilloso acto poético de comprenderla hasta convertirla en luz.

En otro tipo de entrañas

Me encanta que Villena haya seguido al pie de la letra los consejos de Wilde y solo se haya librado de la tentación, cayendo en ella. Me gusta que como su querido Bayron y por mucho que a veces se empeñe en demostrar lo contrario, como mala persona, sea un completo desastre. También celebro con Cavafis que haya bebido un vino fuerte como beben aquellos que se entregan valerosamente al placer.

Porque sin duda, también es fuerte el premio “Vinos Nobles” con el que Valdepeñas ha querido rendirle homenaje al igual que a otros Premios Nacionales.

Resta por decir que, mientras indagaba sobre Villena, fue gratificante y sorprendente descubrir su relación con La Mancha y con Valdepeñas: Viaje al Parnaso, Agustina, Gregorio Prieto, Francisco Nieva, Paco Clavel, Joaquín Brotons, Jesús Martín, Matías Barchino, Bodegas A7, familia Creis, Juan Alcaide y, a raíz de esta investigación, también con la escritora Rosa Peñasco

Luis Antonio de Villena y Rosa Peñasco en tiempos de Covid

Porque, por si fuera poco, justo cuando estaba terminado de escribir estos folios tuve noticia de que Villena y yo también estaríamos juntos en un próximo poemario, titulado “Las orillas de la esperanza” (poesía recetada) que aun no ha visto la luz. Definitivamente:

¡Cuando la vida se pone casuística y casualmente folclórica ¡no hay quien la aguante!

Rosa Peñasco

No sé si al final logré desentrañar un poco a Villena, pero como he dicho una y otra vez, hay que puentear la desgracia de que ¡Falten Quevedos! En cualquier caso, aprendí mucho y me lo pasé genial tras aceptar el reto de intentar hacerlo: ¡y no están los tiempos como para desperdiciar dopamina, serotonina y un buen juego que nos engrase las neuronas!

Pero sobre todas las cosas, me sentí feliz con el resultado de que Villena sí se haya quedado a vivir un poco y para siempre, en las entrañas de las tinajas de Valdepeñas.

Luis Antonio de Villena y su poema, en las entrañas de las tinajas de las bodegas A7

Rosa Peñasco (www.rosapeñasco.com)

Las Thelma y Louise de La Mancha

Me impactaron tanto que, cuando allá por 2011, conocí a las hortelanas Ana y Mariví sentí que, tal vez por mi deformación literaria, un montón de adjetivos se pusieron a bailar por mi cerebro, rebeldes, expansivos y con ánimo de encontrar el que mejor las pudiera definir.

Además y para desesperación de mi hemisferio izquierdo que, como el de todos, es experto en contar, pesar, medir, colocar y encasillar, personalmente  fui incapaz de etiquetar a semejante tándem y fuerza de la naturaleza. Es más: viendo que aquellas mujeres rompe y rasga eran auténticas, limpias de corazón, de gran intuición y sabiduría innata, magas de la tierra y ecológicas de verdad y no de boquilla y tanto por convicción como por devoción, en aquel caos adjetivo-cerebral solo atiné a decir: “sois muy modernas” (con algún vino de más, la frase nos ha hecho reír a las tres durante años, por cierto). Después, rematé mi anterior desbarre con el apodo que ni corta ni perezosa les coloqué entonces y no les arrebataré jamás: “Ana y Mariví: vosotras sois las Thelma y Louise de la Mancha”.

Ana y Mariví, de Moral de Calatrava, se conocían desde niñas, pero la vida, después de empujarlas para que cada una viviera la suya, con sus infiernos, recorridos vitales, crisis y aciertos, decidió juntarlas de nuevo cuando ya se habían convertido en  grandes seres humanos, de esos que no conocen el encefalograma plano del alma porque han sabido vivir con una dignidad apabullante la gloria y el infierno vital. Y nunca me canso de decir, a lo manchego, que el Universo no da puntá sin hilo, ya que tras pasar las dos por el sector textil, el destino no las juntó en un momento cualquiera, sino en plena crisis económica de 2008 y siguientes, con el paro, la ruina y la desesperanza pisándole los talones.

Sé que mi deformación literaria puede empeñarse en dar a su particular encuentro un carácter bucólico y romántico, pero cuando Ana y Mariví, ya al borde de la depresión caminaban contándose sus problemas, se detuvieron al pasar por la casa de la abuela de Ana. Inevitablemente, Ana recordó el huerto de la abuela en el que pasaba todos los veranos correteando entre las enormes plantas de alcachofas, las escandalosas sandías y calabazas que rompían la tierra cuando brotaban del suelo y como queriéndose abrir paso desde territorios de ultratumba y los cardos borriqueros que adornaban con su color morado aquel pequeño vergel que alegraron sus meriendas de pan y chocolate y, sobre todas las cosas, de la orilla de pan de pueblo, abierta y ahuecada a propósito tras ser despojada de su miga para después llenarla de aceite de oliva virgen, sal y tomate del de verdad que se espachurraba y mojaba con la misma miga que antes se había extraído.

Al fin y al cabo, toda la vida adulta está determinada de alguna manera por la niñez, y un arrebato de nostalgia llevó a Ana a querer entrar en aquel sitio ruinoso y deshabitado desde que murió su abuela hacía ya muchos años. Como ni una ni otra tenían nada que perder ni nada mejor que hacer más que pasear y desahogar su desesperanza, fueron a casa, cogieron la enorme llave de aquel portón que en La Mancha conocemos como “la portá”, giraron la tranquilla y al tiempo que se abría insolente la infancia de Ana y de paso la de Mariví -pese a su fuerte carácter es una de las personas más sensibles y empáticas que conozco-, se abría un muro casi ruinoso, una antigua casilla que también parecía derruirse por momentos y el que antaño fue un huerto y ahora era un terreno seco, empeñado en coleccionar y cubrirse de malas hierbas.

Las dos mujeres respiraron y lloraron para desahogar la difusa emoción, junto al profundo respeto a los ancestros que parecían presidir, incentivar y aplaudir aquella entrada y hasta la sensación de que el tiempo era un enemigo cruel que no daba tregua a nada y a nadie. Después y con la misma complicidad de Thelma y Louise, a quienes bastó una mirada para decidir volar por el Cañón del Colorado y liberarse de esa opresión que las estaba cercando hasta asfixiarlas, Ana y Mariví tampoco pronunciaron palabra en aquel momento: simplemente se miraron, asintieron y cogieron unas azadas oxidadas que había en aquel lugar para disponerse a limpiar las malas hierbas que tapaban y asfixiaban una tierra más roja que la del famoso cañón. Y cavando limpiaron la infancia, el presente y el futuro, pero sin saber que aquel gesto, casi inconsciente, cambiaría sus vidas para siempre…

Por cierto: en este video puedes ver que estamos muy locos cuando se trata de ensalzar a estas rompe y rasga manchegas…

No habría espacio ni tiempo para explicar cómo después de aquello sufrieron de lo lindo cuando, ni cortas ni perezosas, se decidieron a aprender el difícil arte de la agricultura: los riegos, la programación de los cultivos de invierno, primavera, verano y otoño, el intercambio de pareceres con agricultores locales, la recolección y guarda de semillas ancestrales a punto de desaparecer, la magia del barbecho, las gallinas que también llegaron para dar huevos camperos de verdad y no como los que con esa etiqueta nos venden en los supermercados y, sobre todas las cosas, el cuidado de aquel huerto que, con no pocos sinsabores pero con infinidad de tesón y amor, las Thelma y Louise de la Mancha sembraron en ecológico, respetando el ciclo orgánico de todo el proceso, agachándose una y otra vez (Ana y Mariví no tienen tractor y tal vez no sería mala idea hacer un crowdfunding -la colecta de toda la vida- para comprarles uno de segunda mano), y siempre venerando a aquella abuela que, como ellas, no se acercó ni de lejos a herbicidas, pesticidas y fungicidas…

Después de aquello vinieron otros huertos, grupos de consumo que se fueron formando en lugares de toda la provincia de Ciudad Real, trabajo extenuante de las dos para poder abastecer a las cada vez mayores demandas, baile entre producción y barbecho, granizo y lluvia que en un segundo aniquilaba el trabajo de un año, repartos diarios con “La Serena” o la incansable furgoneta de tercera mano por las tardes en distintos pueblos y, como la vida misma y su caprichoso devenir, muchos cambios de personas, pareceres y lugares. Sin embargo, con sus virtudes y defectos y sus errores y aciertos, solo hay una realidad que no ha cambiado en todo este tiempo: Ana y Mariví que, pese a muchas decepciones, han mantenido su pureza original y son admiradas en la provincia, precisamente porque nunca han dejado de cultivar en ecológico. Pero, ¡cuidado!, “eco” o “bio” de verdad y –una vez más- no como lo que nos venden en los supermercados haciéndonos picar comprando productos con dicha etiqueta que, a la larga, de orgánico a veces no tiene ni el envase.

Confidencias y comida de amigos en el huerto…

Ellas me han enseñado por qué la agricultura es cultura: alrededor del campo y sus misterios existen cantidad de registros que deben conocerse y guardan, además, una estrecha relación con el firmamento mismo, haciendo que el micro y el macro y lo de arriba y lo de abajo, sean la misma cosa. Además, de sus «Ecomorales» (reuniones una vez al año en el huerto, con mercadillo agroecológico, fiesta, cultura y amigos) han surgido grandes amigos y ellas son como un imán que ha juntado a gente afín en toda la provincia de Ciudad Real, haciendo sinergias en pro de otra manera de vivir y pensar.

Sin duda, las Thelma y Louise de La Mancha han sido y son mucho más que hortelanas: son pioneras, son pegamento, son antena que ha sabido captar una energía difusa, reconcentrando en sus personas una nueva manera de vivir y pensar que estaba pendiente de juntarse para materializarse. Ellas son opuestamente complementarias: Ana la dulzura y la suavidad; Mariví el carácter fuerte que esconde con gritos una sensibilidad insoportable. Juntas son legión. Juntas crean y se recrean, sin saber, en creer, construir y no destruir. Juntas van repartiendo, alegres como el pan de los pobres, alegría, clorofila, salud y cultura allá por donde van. Y a más actividad, más expansión, más cultura, menos ombligo y más apertura de mente y de corazón…

Muchas veces he pensado que su extrema pureza puede incomodar en ciertos momentos porque, solo con su presencia, sin querer ni proponérselo se convierten en un espejo que contrasta con la snob etiqueta de ecologista que se adjudican quienes, sin rubor, se llaman así al tiempo que compran su lechuga en la Conchinchina y no en el agricultor local. Por no hablar de quienes les han cuestionado la diferencia de tamaño de las patatas porque ya han olvidado que es la tierra la que manda y no esa manipulación genética que se hace a los alimentos para que con su aire plasticoso queden brillantes, clónicos, bonitos e iguales en las estanterías. Y, lo que es peor: probablemente también son un espejo para quienes presumiendo de ser “eco”, desgraciadamente han olvidado respetar los ciclos de la tierra porque, como decía la famosa canción, quieren comer naranjas en agosto y uvas en abril.

Al vivir –para mi desgracia- en Madrid, las Telma y Louise me han entregado las cestas de verduras en los momento y lugares más insospechados: cocheras, cunetas, en un kilómetro determinado, bares de carretera y hasta en La Universidad. Es verdad que estas aventuras nos han acercado más y han formado parte de nuestro particular currículo vital que va creciendo, cuajado de vida, sueños, pena y risas, al tiempo que crecemos nosotras. Las aventuras son múltiples: rústicas y urbanas, brutas y sublimes, etéreas y telúricas, dolorosas y divertidas. Y siendo así, no es extraño que me diera por entrevistarlas en radio UNED para Radio3 porque como “Emprendedoras del siglo XXI: vuelta a las raíces”, Ana y Mariví siempre serán, sin duda, un ejemplo de reinvención, de resiliencia y, a la larga, un referente para muchos.

Ojalá y pudiera acceder a sus productos de una forma más fácil: de hecho, no me cuesta afirmar que si estuvieran en Madrid les habrían quitado las acelgas de las manos y habrían garantizado como fuera su continuidad y seguridad porque, en un lugar en donde todo está desnaturalizado, la naturalidad y naturaleza de las hortelanas se valoraría como el Maná y se pagaría a precio de oro. Y este hecho no deja de sorprenderme porque contrasta con la poca valoración que sufren a veces en un entorno rural, aunque ya sabemos cómo funcionamos como seres humanos: desgraciadamente, muchas veces no valoramos los tesoros que tenemos cerca y solo reparamos en ellos cuando los perdemos.

Para mi desgracia, no siempre tengo acceso fácil a sus manjares, pese a que directamente –y lo digo con convicción- sé que cambian la energía del cuerpo y del alma de quien los come porque son una auténtica inversión en salud y no los seguros de ídem que venden por ahí. De hecho, no me da rubor confesar que Ana y Mariví han sido una ayuda incalculable en lo que a la mía se refiere, ya que en momentos de rayar la enfermedad por culpa del estrés y el descuido por la mala alimentación (cuidarme es, desgraciadamente, mi gran asignatura pendiente y ni la locura de escribir ni la de vivir en Madrid me son de gran ayuda), ellas siempre han estado ahí para rescatarme de lo peor. Incluso cuando me diagnosticaron cáncer, jamás olvidaron ni una sola semana llenarme la cesta de brócoli, romanescu, kale y mil manjares completamente alcalinos que ayudaron a limpiar y a sanar mi cuerpo, justo en un proceso tan crucial como aquel…

Pero su desvelo no solo me ha beneficiado a mí: salvo que se esté ciego-a o se sea un desagradecido-a, el respeto a estas mujeres puede cortar el aire cuando se observa, cómo durante el extenso confinamiento trabajaron más que nunca para que a nadie le faltara su cesta de verduras frescas. Porque junto al enorme trabajo de arar (sin tractor), sembrar, podar, regar, recolectar, cuidar las gallinas y los huevos, preparar cientos de cestas y conducir por las tardes a cada pueblo en el que hay un grupo de consumo, las Thelma y Louise de La Mancha no dudaron en ampliar mucho más su ya de por sí inmensa jornada laboral, para acercar una a una y al domicilio particular de cada cual la cesta correspondiente, precisamente en aquella época en la que ni había de todo, ni se podía ir a comprar con total libertad…

Por eso, ahora que ha pasado casi una década de aquel encuentro mágico, echo la vista atrás y, pese a su toque delirante, mantengo contra viento y marea lo que dije al principio: Ana y Mariví, sin imposturas, sin etiquetas y sin saberlo, son unas modernas de la vida que como los ancestros, los chamanes y las generaciones más jóvenes, saben instintivamente que el planeta es limitado y hay que cuidarlo y venerarlo para que siga siendo nuestra casa. Pero son además dos mujeres rompe y rasga: ¡son las Thelma y Louise de la Mancha!

Por suerte para mí, estas grandes mujeres no han dejado de crecer en mi corazón, hecho que contrasta con el habitual efecto corrosivo del tiempo que, tras el flash y la fascinación inicial que se siente al conocer a alguien, suele deshacer y hasta destruir la imagen de quien un día nos encandiló…

¿Pero cómo no quererlas? ¿Cómo no admirarlas? ¿Cómo no respetarlas hasta el infinito? ¿Cómo no agradecerles su labor y su enorme trabajo? Sería injusto y necio no hacerlo porque la salud y el bienestar de muchos manchegos, depende de estas magas de la tierra. Así que, desde aquí, solo puedo decir: ¡Gracias, amigas! ¡Gracias, herMAGAS!

¡Ah!, me despido honrando a estas mujeres como mejor sé hacerlo: con la creatividad, concretamente con El rock de las hortelanas que compusimos Juan y yo y después grabamos en un CD repleto de canciones para ellas que, no exentos de coña, titulamos “Festival de Agrovisión”. Por favor, poned soniquete de rock porque estos acordes, ¡son para las Thelma y Louise de La Mancha!

¡Ah! Y no olvidéis que podéis hacerles vuestros pedidos de verduras ´mágicas, en el teléfono: 620558481

EL ROCK DE LAS HORTELANAS

Al huerto de El Moral hemos llegado ya,

para sembrar ajos y muchas cosas más.

Después de cavar, después de sembrar,

comiendo las gachas vamos a brindar

por dos bellas hortelanas,

llamadas Mariví y Ana,

las moraleñas, yeyeyeye…

(Estribillo)

Bendita la abuela que dejó esta huerta: ¡un brindis y olé!

Cuidemos la tierra que da su cosecha: vamos a comer…

Por las hortelanas, Mariví y Ana, salud a tutiplén.

Hay también quien se dedica a apadrinar

una gallina clueca o un gallo:¡qué más da!

Porque lo importante es poderse cenar

una tortilla eco,acelgas y un buen pan.

La conexión es posible,

entre alma y comestible con vuestro amor.

(Estribillo)

Bendita la abuela que dejó esta huerta: ¡un brindis y olé!…

Cuidemos la tierra que da su cosecha: vamos a comer…

Por las hortelanas, Mariví y Ana, salud a tutiplén.

El grupo de consumo ya va fenomenal,

se ha creado una red de conciencia y mucho más,

pues todos sabemos que no envenenarán

este precioso huerto 100% natural

porque con estas comidas, no absorbemos pesticidas

ni otros venenos, yeyeyeye…

(Estribillo)

Bendita la abuela que dejó esta huerta: ¡un brindis y olé!…

Ana y Mariví: ¡sois AJOJOJONANTES!